La vista
El espresso perfecto se reconoce a primera vista.
Lo primero que hay que hacer es mirar el espresso. Son muchas las cosas que un ojo entrenado reconoce a primera vista.
El marco de loza blanca permite observar con mayor nitidez la superficie de la crema: la del espresso perfecto tiene una trama fina con ligeros surcos estriados y un grosor de 3 a 4 milímetros, además de un color que va del avellana hacia tonalidades más intensas.
Un color que es un auténtico papel de tornasol de la calidad. Un marrón más oscuro, con un botón blanco o un agujero negro en el medio indica que el tiempo de extracción ha sido demasiado o que el molido ha sido demasiado fino, o bien que la temperatura y la presión del agua han sido demasiado altas. El espresso con una crema clara y poco consistente habrá sido extraído durante un tiempo insuficiente, con agua y presión a temperatura demasiado baja, o molido demasiado grueso.
La crema tiene que ser persistente, es decir, debe durar, por lo menos el tiempo necesario para observar cómo debe ser una buena taza: de loza, con el interior blanco y con un grosor suficientemente fino para que sea cómoda para los labios, pero suficientemente alto para conservar el calor.
